¿Tengo el cuerpo adecuado para practicar yoga?
Updated: Oct 13
Cuando ves una clase de yoga antes de entrar por primera vez, pueden pasar muchas cosas por tu cabeza. Los participantes hacen distintas formas con el cuerpo, ves sus movimientos y resulta difícil imaginarte haciendo lo mismo con esa naturalidad.
Nuestros cuerpos son tan diversos: unos somos altos, otros de estatura mediana o baja; delgados, corpulentos, con distintas proporciones y capacidades. Y entonces aparece la pregunta: «¿Será que tengo el cuerpo adecuado para practicar yoga?».
Antes de responder, vale la pena mirar qué entendemos por yoga y qué estamos esperando de nuestro cuerpo al acercarnos a una clase.
Una práctica física, pero sin un molde de cuerpo
Ashtanga Vinyasa Yoga es una práctica que puede ser físicamente exigente. Eso importa al elegir una clase y decidir cómo comenzar, pero no significa que necesites tener una apariencia específica.
No tienes que llegar haciendo las posturas que ves ni moverte con la soltura de alguien que lleva años practicando. Parte de lo que hacemos en clase es aprender: reconocer tus posibilidades, desarrollar habilidades y encontrar opciones para lo que todavía resulta difícil.
Lo importante es que la práctica sea adecuada para ti. Una lesión o condición de salud puede requerir adaptaciones y, en algunos casos, una valoración que nos ayude a orientar ese trabajo.
A mí me gusta hablar de integración con el Yoga
Más allá dela traducción oficial, yo diría que en mi experiencia también ha sido de integración.
Una práctica en la que voy llevando atención a las partes que me componen: el cuerpo, la mente, las emociones y mi dimensión espiritual. Para mí, reconocerlas ha abierto una manera de estar más en contacto conmigo y, desde ahí, relacionarme con lo que me rodea.
Que conste: hasta aquí no hemos dicho nada sobre necesitar piernas largas, un abdomen marcado o poder tocarte los pies.
La imagen del yoga cuenta solo una parte
Mucho de lo que vemos sobre yoga se concentra en el aspecto físico: cuerpos fuertes, flexibles y posturas que llaman la atención.
Trabajar el cuerpo tiene su valor. Pero, si esa es nuestra única referencia, podemos terminar pensando que la práctica consiste en conseguir una forma determinada.
Desde mi manera de compartir yoga, la postura también es un espacio para observarte. Cómo respiras mientras la haces, dónde está tu atención y cómo respondes cuando algo es difícil.
Una misma postura puede verse parecida desde fuera y vivirse de maneras muy distintas.
El cuerpo también forma parte de nuestra historia
Su apariencia, por sí sola, no nos dice qué siente una persona ni cómo vive su mundo interior. Para mí, ahí comienza una conversación con el cuerpo: reconocer lo que sucede y aprender cómo acompañarlo.
El descanso, la alimentación, las actividades cotidianas y lo que hemos vivido pueden influir en cómo nos sentimos y nos movemos. En clase tenemos una oportunidad para prestar atención a esa experiencia.
Quizá notes que llegas cansado, que aprietas de más o que tienes prisa por conseguir algo. También puedes descubrir estabilidad, fuerza o comodidad donde no esperabas encontrarlas.
Lo que encuentras al empezar también es parte del camino
Cuando entras por primera vez a una clase, puede que no estés tan satisfecho con todo lo que descubres. Un movimiento aparentemente sencillo puede resultarte complicado, una indicación te confunde o mantener la atención resulta más difícil de lo que imaginabas.
No necesitas juzgarte por lo que todavía no sabes hacer. Puedes reconocer tu punto de partida y construir desde ahí. Esa disposición a conocerte también forma parte de la práctica. Es una oportunidad para empezar a trabajar contigo, con paciencia y curiosidad.
Entonces, ¿qué sería tener un “cuerpo de yoga”?
Para mí, un cuerpo de yoga es un cuerpo al que le prestas atención. Un cuerpo que vas conociendo, aprendiendo a cuidar y habitando con mayor conciencia.
Ese es el sentido que le doy a hablar de un “cuerpo consciente”: reconocer cómo estás, qué puedes explorar y qué necesita trabajar.
Así que no necesitas conseguir otro cuerpo antes de empezar. Necesitas encontrar una práctica adecuada para el que tienes hoy y darte la oportunidad de conocerlo desde ese espacio.
Si te has quedado mirando una clase y preguntándote si también podría ser para ti, podemos platicar sobre cómo empezar.
Nos vemos en el tapete.
— Rou





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