¿Terminas agotado después de Yoga? Aquí tienes 5 consejos para tu práctica
Updated: Oct 14
Aunque desde fuera el yoga pueda parecer una práctica fácil o ligera, no necesariamente lo es.
En clase trabajamos con el cuerpo, la respiración y la atención. Al comenzar, podemos encontrarnos con capacidades que quizá llevábamos tiempo sin explorar: movilidad, fuerza, flexibilidad, coordinación o simplemente permanecer presentes.
Por eso, algunas personas terminan sus primeras clases más cansadas de lo que esperaban. Y puede aparecer la idea de que «el yoga no es para mí», cuando quizá necesitamos ajustar cómo estamos practicando.
Después de años practicando y enseñando yoga, estas son cinco cosas que a mí me han ayudado a construir una práctica que pueda sostener y disfrutar.
1. Adapta la práctica a cómo estás hoy
No todos los días llegamos al tapete en las mismas condiciones.
Antes de comenzar, pregúntate: ¿cómo estoy hoy?
Habrá días en los que tengas mucha energía y disposición. Puedes aprovecharlos para explorar un poco más tus capacidades.
Otros días estarás cansado, distraído, desmotivado o simplemente necesitarás bajar el ritmo. Esos días tu práctica puede convertirse en un espacio de mayor introspección, movilidad o atención.
Adaptar puede significar hacer menos, probar alguna variante, utilizar apoyos o descansar. Para mí, eso también es avanzar en la capacidad de escuchar las condiciones desde las que estás practicando.
La intención es que ese tiempo que destinaste para ti responda a lo que necesitas ese día.
2. Intenta llegar con la mente tranquila
Llegamos al tapete con pendientes, conversaciones, preocupaciones y pensamientos que muchas veces continúan dando vueltas mientras practicamos.
No necesitas obligar a tu mente a quedarse en blanco ni esperar a sentirte tranquilo para empezar.
Puedes comenzar observando lo que aparece y regresando una y otra vez a aquello que está sucediendo en ese momento: tu respiración, tu cuerpo y el movimiento.
En la práctica podemos explorar cómo observar nuestros pensamientos sin reaccionar inmediatamente ante cada uno de ellos.
Ese entrenamiento de la atención también es parte del yoga. Si te distraes, tienes otra oportunidad de regresar.
3. No te sobreexijas: tu cuerpo no es algo que tengas que vencer
Vivimos en una cultura en la que fácilmente confundimos esfuerzo con progreso.
Eso se manifiesta en la práctica como: más intensidad, más flexibilidad, una postura más avanzada o terminar completamente agotado pueden hacernos sentir que tuvimos una «mejor práctica». Pero no necesariamente es así.
En mis años dando clases he observado que querer avanzar demasiado rápido puede llevarnos a forzar movimientos, frustrarnos o terminar agotados. La práctica puede requerir fuerza y esfuerzo. También necesita constancia, atención y tiempo para aprender a dosificarlos.
Aprender cuándo avanzar, cuándo permanecer y cuándo detenerte también forma parte de la práctica. Puedes trabajar con compromiso sin exigirte llegar a tu límite en cada sesión.
4. Revisa lo que sucede fuera del tapete
Tu práctica no comienza cuando desenrollas el tapete.
Cómo dormiste, qué comiste, tu hidratación, tu nivel de estrés y la actividad física que realizaste durante el día pueden influir en cómo te sientes durante una clase.
Por eso, antes de pensar que necesitas esforzarte más, vale la pena revisar cómo estás llegando a practicar.
Quizá vienes de una noche de poco descanso, de varias horas sin comer o de otra actividad exigente. Reconocerlo puede ayudarte a decidir qué intensidad tiene sentido para ti.
No necesitas convertir todos tus hábitos en una obsesión. Simplemente recuerda que el cuerpo con el que practicas yoga es el mismo con el que estás viviendo el resto del día.
5. No te tomes tu práctica tan en serio
Este probablemente sea mi consejo favorito.
Para tomarnos la práctica en serio, a veces necesitamos dejar de tomárnosla tan en serio.
Cuando todo se convierte en hacerlo correctamente, conseguir determinada postura o compararnos con los demás, puede aparecer el miedo a equivocarnos y comenzamos a juzgar constantemente nuestra práctica.
Pero también puedes explorar. Puedes jugar con el movimiento, probar, equivocarte, reírte, descansar y volver a intentarlo.
Yoga puede ser disciplina sin convertirse en rigidez.
Y quizá ahí está una de las cosas más interesantes que podemos llevarnos del tapete hacia nuestra vida: aprender a comprometernos profundamente con algo sin perder la capacidad de disfrutarlo.
Una práctica que también te deje ganas de volver
Si terminas muy agotado en cada sesión, el cansancio persiste o aparece dolor que empeora, conviene revisar lo que está pasando y buscar orientación, en lugar de asumir que tienes que aguantar.
Escucha tu cuerpo, observa cómo estás llegando y date tiempo. El yoga no es una carrera para ver quién llega primero.
Si te has alejado de la práctica porque terminabas demasiado cansado, podemos platicar sobre cómo retomarla con un ritmo adecuado para ti.
Nos vemos en el tapete.
— Rou





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