Voces de Rou Yoga: «Mi experiencia en Yoga». La historia de Edith
Hoy le cedo este espacio a Edith, la alumna con más tiempo en la comunidad de Rou Yoga. Lleva casi cinco años practicando y ha mantenido una constancia que valoro muchísimo desde que comenzó.
Acompañarla durante este tiempo también ha sido parte de mi aprendizaje como maestro. Su historia me permite reconocer cómo lo que compartimos en clase encuentra un lugar en la vida de alguien, adquiere un sentido propio y sigue creciendo con los años. Aquí les dejo sus palabras.
"Llevo ya casi 5 años en Rou Yoga. Nunca antes había practicado yoga, salvo por algunos videos de yoga básico que había visto en internet.
En mis primeras clases, me percaté de que Rou era un maestro muy profesional, comprometido e interesado en que sus alumnos llevaran a cabo las posturas lo mejor posible, dentro de sus posibilidades físicas. Por eso decidí quedarme.
Yo tenía varios años sin hacer ejercicio, ya que había tenido dos hijas. Mi condición no era la mejor y ya ni siquiera podía ejecutar una abdominal con éxito. Aunque recién empezábamos a salir de la pandemia bajo una “nueva normalidad”, decidí inscribirme a las clases: para mí era prioritario recuperar mi habilidad física.
Desde mi incipiente comienzo, tal vez en la cuarta o quinta clase, Rou, con toda esa fuerza y decisión que lo caracteriza, nos puso a realizar la postura de sirsasana o parado de cabeza.
En ese momento pensé: “Claro que no lo lograré”. No obstante, con Rou no hay un “no lo quiero intentar”. Una de sus enseñanzas es “no le hagas caso a la mente”, porque, según nos ha hecho comprender, suele limitarnos y atemorizarnos ante lo que no conoce.
Así que ahí voy, con ayuda de Rou, a pararme de cabeza… Fue una experiencia fantástica. Si bien necesité ayuda del profesor y de la pared, cuando bajé me sentí sumamente orgullosa de lo que había hecho y, sobre todo, parecía que ¡me había quitado 10 años de encima!
Eso me hizo entusiasmarme… Ahora sé que entusiasmo significa “Dios en el pecho” y ¡sí! Así me sentí.
Recuerdo también una ocasión en la que estaba pasando momentos muy difíciles dentro de mi matrimonio, con discusiones y sinsabores. Afortunadamente, el yoga estaba presente y empezó a sentirse como llegar a un lugar de consuelo.
En medio de una sesión, Rou, al notar que tal vez alguien quería entrar a una postura de manera agresiva para sí mismo, dijo: “Uno de los principios del yoga es la no violencia”.
Esa frase me llegó directo al corazón. Al escucharla en el momento indicado, pensé que justamente yo merecía un lugar y una vida libre de violencia. Empezaron a correr lágrimas de mis ojos, pero no de dolor, sino de consuelo. Como si alguien me hubiera recordado lo que en realidad debía ser la vida…
Así, poco a poco y práctica tras práctica, yoga se volvió mi lugar seguro. Y más aún: al concentrarme en mí durante la práctica, empecé a sentirme a mí misma como mi verdadero y real lugar seguro.
Cada vez ponía más atención en lo que Rou nos enseñaba. Además de las posturas, quería estar atenta a aquellos mensajes que podían hablarme de algo importante para mí.
Con el paso del tiempo y una práctica constante, empecé a notar que, de manera paulatina y sutil, mi cuerpo estaba cambiando significativamente. También lo hacían mi mente y mi manera de estar en el mundo…
En la práctica se insiste mucho en enfocar la mirada. Me fui dando cuenta de que esto es vital para una profunda concentración. Al mirar algunos puntos de mi cuerpo, como la punta de los dedos de los pies, empecé a sentir un profundo amor por el cuerpo que habito y que me permite experimentar la práctica.
Comencé a apreciarlo por su función extraordinaria y a olvidarme de los absurdos estándares que nos imponen los medios masivos de comunicación. Esos que nos provocan rechazo por nuestra apariencia y nos alejan del verdadero valor de tener un cuerpo sano y hábil, lo que para mí es sinónimo de belleza genuina.
Asimismo, al iniciar la práctica siempre sembramos una intención. Durante la clase empecé a percibir respuestas o mensajes sobre aquello que necesitaba concientizar respecto a esa intención. Y comprobé lo que nos enseña Rou: que el yoga es meditación en movimiento.
Estos son solo algunos ejemplos de mi experiencia. Podría contar muchísimas vivencias e insights más, que debo omitir por razones de espacio.
Si me han leído hasta aquí, sabrán que ya estaría por demás decir que recomiendo yoga… Como dice Rou: “Yoga es para todos”.
Y aunque cada uno debe encontrar la práctica que más beneficio le trae, según su personalidad… yo amo el yoga y amo Rou Yoga.
Ojalá que mi experiencia les sea de utilidad.
Gracias. Namasté.
Edith M. González Hernández
Desde Rou Yoga
Leer a Edith me recuerda por qué le doy tanto valor a la constancia. Hay cosas que podemos descubrir en una clase y otras que solo alcanzamos a reconocer cuando miramos lo que hemos vivido a lo largo de los años.
Su experiencia también da una base muy valiosa a mi manera de enseñar. En una comunidad donde llegan alumnos nuevos y otros llevan tiempo practicando, trabajamos sobre fundamentos que seguimos revisando y profundizando. Aunque volvamos a una misma postura o indicación, cada persona encuentra algo distinto conforme cambia su cuerpo, su atención y su vida.
Edith ha construido su propia relación con el yoga. Acompañarla y conocer lo que ha hecho suyo de nuestras clases es una de las experiencias más significativas que me ha dado enseñar.
Gracias, Edith, por tu confianza, tu perseverancia y por compartir esta parte de tu historia.
Si algo de su relato resonó contigo, podemos platicar sobre tu propio comienzo.
— Rou





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