Yoga y alimentación: lo que empecé a notar al practicar (Parte 1)
Updated: Oct 13
Decidí hacer esta entrada porque, cuando digo que comparto yoga, mucha gente pregunta algo así: «Ah, entonces ¿eres vegano o vegetariano? Fulanite empezó a hacer yoga y dejó la carne».
Así que me pareció un buen pretexto para escribir al respecto. En mi caso, la relación entre yoga y alimentación fue apareciendo poco a poco, a través de lo que sentía al practicar y de las preguntas que empecé a hacerme.
Aquí te comparto mi experiencia: lo que fui observando, lo que me funcionó y cómo fue cambiando mi manera de relacionarme con la comida. Si estás pensando en hacer cambios importantes en tu alimentación, un profesional de nutrición puede ayudarte a llevar esas inquietudes a tus necesidades concretas.
Todo empezó con los tacos regresando a la garganta
Como les he contado en otras entradas, mi acercamiento al yoga fue muy intuitivo. Desde el principio descubrí que comer justo antes de practicar no me resultaba cómodo: ya en clase, sentía que los tacos se me subían hasta la garganta y de regreso.
Mi solución fue dejar pasar un poco más de tiempo entre la comida y la práctica. Algo bastante sencillo, pero que hizo una diferencia en cómo me sentía al moverme.
La misma práctica me invitaba a llevar atención hacia el cuerpo. Yo lo vivía como entrar en un diálogo con él: empezar a escuchar cosas que antes, entre las prisas y la costumbre, pasaban desapercibidas.
Había días en los que mi cuerpo se sentía distinto
Con el tiempo y practicando de manera constante, noté que algunos días, aunque no hubiera comido justo antes de clase, me sentía muy inflamado y tieso. Otras veces llegaba más ligero y dispuesto para practicar.
Eso despertó mi curiosidad por lo que sucedía fuera del tapete. Qué había comido, cómo había descansado y cómo estaba llegando ese día.
No siempre encontraba una respuesta clara, pero comencé a poner atención a esas diferencias. La comida dejó de ser solamente algo que resolvía a ciertas horas y empezó a formar parte de una conversación más amplia sobre cómo me estaba cuidando.
La práctica también me acompañaba cuando dejaba de practicar
Durante los años que llevo haciendo yoga también he tenido pausas. Pero incluso en esos periodos extrañaba aquel espacio para moverme, concentrarme y estar conmigo.
«El cuerpo me lo pedía», como solemos decir entre yoguis.
Para mí, regresar también era recuperar esa disposición a escucharme. Y cuanto más familiar se volvía esa atención en clase, más ganas tenía de llevarla a otros momentos de mi vida.
Del trabajo en el tapete a revisar mis hábitos
En Ashtanga, la primera serie que practicamos se conoce como Yoga Chikitsa, un nombre que suele traducirse como yoga terapia. Dentro de su tradición se habla de purificación del cuerpo y de la mente.
En mi experiencia, esa idea fue tomando un sentido muy cotidiano: revisar mis hábitos, reconocer lo que repetía por inercia y preguntarme qué quería seguir eligiendo.
La comida fue una de las primeras cosas a las que empecé a prestar más atención. Me hacía sentido que el cuidado que estaba explorando en clase también tuviera un lugar en el resto del día.
Para mí, yoga también es eso: una invitación a observar nuestras acciones y participar con más conciencia en lo que elegimos.
Escucharme también abrió nuevas preguntas
Con el tiempo, esa exploración me llevó a considerar otras formas de alimentarme, incluso la posibilidad de dejar de comer carne. Fue una de las inquietudes que aparecieron al revisar mis costumbres, sin tener que resolverla de inmediato.
Lo que me interesaba era reconocer qué hacía por hábito, qué me sentaba bien y qué quería explorar. Sentía que estaba aprendiendo a llevarme mejor con mi cuerpo y a prestar atención a mi manera de pensar, sentir y elegir.
La pregunta fue cambiando
Había comenzado preguntándome cuánto tiempo dejar entre los tacos y la clase. Ahora estaba explorando qué quería comer, por qué lo elegía y cómo me sentía con esas decisiones.
No necesitaba resolverlo todo de una vez. La práctica me estaba dando un espacio para hacerme preguntas que antes no había considerado.
En la parte 2 te cuento cómo siguió esa exploración y lo que fui descubriendo después.
Y si te da curiosidad conocer ese espacio de atención del que te hablo, podemos platicar sobre cómo empezar a practicar.
Hasta aquí la primera parte. Besos.
— Rou




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