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Lo que el yoga puede aportar a tu vida, dentro y fuera del tapete

Jun 1, 2021
4 min read

Updated: Oct 13

Para comenzar esta entrada, quiero hacer hincapié en algo: la práctica de yoga no se resume a lo que hacemos normalmente en una clase. Las posturas son una parte importante, pero hay mucho más por explorar.


En la filosofía del yoga encontramos un camino de ocho miembros, conocido como ashtanga, que incluye principios éticos, observancias personales, posturas, respiración y prácticas de concentración y meditación. Es un marco que nos invita a observar cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con lo que nos rodea.


Para mí, ahí comienza una búsqueda de integración: reconocer el cuerpo, la mente, las emociones y esa dimensión espiritual que cada quien vive a su manera. Por eso, cuando hablo de los beneficios del yoga, también quiero compartir lo que he encontrado más allá de lo físico.


Los cambios también necesitan tiempo para hacerse notar


Quizá desde tu primera clase te sientas diferente. Puede que salgas más tranquilo, cansado o sorprendido por todo lo que acabas de hacer. Pero una primera impresión no cuenta toda la historia.


Al incorporar una práctica a tu vida, necesitas tiempo para familiarizarte con ella y reconocer qué te está aportando. Algunos cambios pueden ser evidentes; otros los notas en situaciones cotidianas: cómo te mueves, cómo respondes cuando algo cuesta o cómo te hablas cuando no sale a la primera.


Empecemos por el cuerpo y, desde ahí, exploremos lo que también puede suceder fuera del tapete.


Fuerza y movilidad: conocer lo que tu cuerpo puede hacer


La práctica de posturas puede ayudarte a trabajar fuerza, flexibilidad y equilibrio. La exigencia cambia según el estilo, la frecuencia y las adaptaciones que necesites.


Habrá momentos en los que sostengas tu propio peso, encuentres estabilidad o explores un movimiento que antes te resultaba desconocido. Con la práctica puedes ir desarrollando herramientas para hacerlo con mayor control.


Lo interesante es que esos descubrimientos pueden tener sentido fuera del salón: sentirte más capaz al moverte o reconocer qué necesitas para hacerlo con comodidad.


Algunas molestias pueden mejorar con una práctica adecuada


El yoga se ha estudiado y se recomienda, en ciertos casos, como una opción para acompañar el manejo de problemas de dolor, como el dolor lumbar persistente.


Los beneficios dependen de la situación de cada persona. Por eso, importa entender qué está pasando y elegir una práctica apropiada, con valoración profesional cuando sea necesaria.


En clase, esa atención se vuelve concreta: cambiar un apoyo, reducir la intensidad o buscar otra opción. Cuidar tu cuerpo también forma parte de aprender a practicar.


¿Más energía? Te cuento cómo lo vivo yo


Yo prefiero practicar por la mañana porque muchas veces termino sintiéndome más despierto y dispuesto para comenzar el día. Es una de las razones por las que sigo eligiendo ese horario.


Eso no significa que todos debamos hacer lo mismo. Una clase exigente también puede cansarte, y habrá días en los que necesites una práctica más suave.


Tip: observa cómo te sientes antes y después. Eso puede ayudarte a descubrir qué horario, intensidad y forma de practicar te funcionan mejor.


Lo que pasa fuera del tapete también cuenta


Una clase puede ser una manera de incorporar movimiento a tu semana. Pero cómo llegas a ella también tiene relación con lo que sucede el resto del día: cómo descansas, te alimentas o distribuyes tu tiempo.


A mí me gusta hacer esa observación en clase: el cuerpo con el que practican es el mismo con el que trabajan, caminan y viven.


Por eso, observar tu práctica también puede abrir preguntas sobre tus hábitos. Tal vez descubras que necesitas descansar más, organizar mejor tus comidas o darte un espacio entre tantos pendientes. Son cosas que vale la pena mirar cuando buscas sentirte mejor.


Atención: regresar cuando la cabeza ya se fue a otro lado


Durante el día tenemos pendientes, conversaciones y pensamientos que siguen dando vueltas. Y sí, también nos acompañan al tapete.


El yoga puede contribuir al manejo del estrés. Además, en clase tenemos oportunidades concretas para practicar la atención.


Por ejemplo, puedo dar una indicación sencilla de escuchar, aunque no siempre fácil de seguir: notar que te distrajiste y volver al movimiento, a la respiración o a lo que estamos haciendo.


Cada vez que reconoces esa distracción y regresas, estás practicando esa habilidad. Para mí, ahí hay algo que también podemos explorar en la vida cotidiana: darnos cuenta de dónde está nuestra atención y elegir hacia dónde dirigirla.


No necesitas cumplir una expectativa al salir de clase para que tu práctica tenga valor. Aprender a regresar al momento ya es parte de lo que estamos trabajando.


Autoconocimiento: escuchar cómo te estás tratando


Cuando prestas atención, una postura puede mostrarte algo más que tu flexibilidad. Puedes descubrir que tienes prisa, que te comparas o que te exiges incluso cuando estás cansado.

También puedes reconocer paciencia, curiosidad o ganas de volver a intentarlo.


Estas observaciones me parecen valiosas porque nos permiten hacernos preguntas: ¿qué estoy buscando?, ¿qué necesito cuidar?, ¿puedo comprometerme con algo sin estar peleando conmigo todo el tiempo?


Sabiduría: lo que empiezas a llevarte fuera del tapete


Suena ambicioso hablar de sabiduría, pero así entiendo parte de lo que he aprendido practicando: conocerme mejor y revisar cómo quiero responder a lo que sucede en mi vida.


Para mí, el yoga también ha sido un espacio de conexión con mi espiritualidad y con lo que considero divino. Esa búsqueda tiene un lugar importante en mi forma de vivir y compartir la práctica.


Tú puedes encontrar un sentido propio. Tal vez empieces queriendo moverte mejor y, con el tiempo, aparezcan preguntas que no esperabas. También puede ser suficiente disfrutar ese rato que te dedicas.


¿Qué puede aportarte a ti?


Cada persona llega con una historia y unas necesidades distintas. Por eso, además de conocer los beneficios que se han estudiado, vale la pena darte espacio para reconocer tu propia experiencia.


Quizá encuentres movimiento, una pausa, un reto o una manera diferente de relacionarte contigo. No necesitas decidirlo todo antes de empezar.


Si algo de esto conecta con lo que estás buscando, podemos platicar sobre qué clase podría ser adecuada para ti.


Nos vemos en el tapete.

— Rou


"El maestro llega cuando el alumno está listo"





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