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Tu primera clase de yoga: qué hacemos y para qué

Oct 8, 2021
3 min read

Updated: Oct 13

Si todavía no has probado las mieles del yoga, quizá sea porque no tienes muy claro qué sucede en una clase. A pesar de lo popular que se ha vuelto, desde fuera puede parecer una mezcla de posturas complicadas, respiraciones y palabras que nadie te ha explicado.


En entradas anteriores te he compartido cómo comenzó mi camino y algunos consejos para tu primera clase. Esta vez quiero contarte qué elementos puedes encontrar en una sesión, para que llegues con una idea más clara de lo que vamos a hacer.


Hay distintos estilos de yoga, y cada uno tiene su manera de organizar la práctica. Algunas clases son suaves; otras, más dinámicas. Aunque no todas siguen exactamente el mismo formato, es frecuente encontrar estos tres momentos.


Preparación: darle tiempo a tu atención para llegar


Llegas, acomodas tu tapete y te preparas para comenzar. Pero quizá tu cabeza todavía está en el tráfico, en el trabajo o en todo lo que tienes pendiente.


Por eso, al inicio solemos dedicar un momento a observar cómo estamos y prestar atención a la respiración. Según la clase, también puede haber una breve meditación, un saludo o un mantra de apertura.


Este momento funciona como una transición entre tu rutina y la práctica. No necesitas dejar la mente en blanco: puedes empezar por reconocer cómo llegas y dirigir la atención hacia lo que estás haciendo.


Después comenzamos a preparar el cuerpo con movimientos acordes con la práctica que vamos a realizar.



Posturas: aprender a moverte, respirar y prestar atención


Las posturas, o asanas, forman parte del trabajo corporal de la clase. Las vamos explorando con indicaciones sobre cómo entrar, encontrar apoyos y acompañar el movimiento con la respiración.


En algunos estilos seguimos una secuencia establecida; en otros, las posturas y su orden pueden variar. También cambia cuánto tiempo permanecemos en ellas y cómo pasamos de una a otra.


Tal vez escuches nombres en sánscrito junto con su traducción. Son parte del lenguaje tradicional del yoga y te irás familiarizando con ellos. Mientras tanto, puedes preguntar: no necesitas conocerlos para participar.


En muchas clases comenzamos con movimientos más sencillos, avanzamos hacia un momento de mayor actividad y después reducimos el ritmo para preparar el cierre.


La intención es que puedas involucrarte en la práctica desde tus posibilidades. Si necesitas un apoyo, una variación o un descanso, podemos ajustar. Entender lo que estás haciendo tiene más sentido que intentar copiar una postura sin saber cómo abordarla.



Cierre: darle tiempo al descanso


Después del movimiento, solemos reservar unos minutos para descansar. Una postura habitual para ese descanso es Savasana, acostados sobre el tapete, aunque podemos buscar otra posición si la necesitas.


Ese espacio permite dejar de hacer posturas y observar cómo te sientes después de la práctica. Según el estilo, también puede haber una meditación, un mantra de cierre o una despedida.


Quizá encuentres calma; quizá notes cansancio o que tu mente sigue bastante activa. No hace falta producir una sensación especial. El descanso también tiene un lugar en la clase, sin que tengas que conseguir algo durante él.



Ahora puedes imaginarte dentro de la clase


Vas a mover el cuerpo, explorar la respiración y practicar cómo dirigir tu atención. También tendrás tiempo para descansar y reconocer lo que esa experiencia te deja.


No necesitas saber hacerlo todo antes de entrar. La clase es precisamente un espacio para aprender, preguntar y conocer tu propia manera de practicar.


Si ahora te resulta más fácil imaginarte en una clase y quieres probar, podemos platicar sobre qué clase elegir para empezar.


Nos vemos en el tapete.

— Rou





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